Residente: un artista pop que no es vacio pero que no transgrede.

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Fuente: NotiMonzter ®.
Residente: un artista pop que no es vacio pero que no transgrede.
Uno no puede negar que Rene Pérez Joglar, más conocido como Residente, es distinto del resto de artistas mainstream. Ninguno de los artistas que se sienta a su lado en los Grammy cantaría sus letras. A diferencia de ellos, él utiliza la música como un medio para expresar ideas y como medio de protesta. Para muchos, de hecho, encarna la música de protesta de nuestros días. Es un tipo singular, sí, es un tipo que renunció a la fama de Calle 13 para hacer, en solitario, una búsqueda espiritual y terapéutica del arte. Pero todo esto es la superficie. Apenas la superficie.
Contra lo que podría pensarse, Residente tiene una mirada más bien monótona y estrecha del mundo. Sus letras tienden a dividir los temas en grupos binarios. Poderoso vs pueblo, colonos vs campesinos, victimarios vs víctimas. “Aguantamos hoy por hoy que todavía existan reyes /Castigamos al humilde y aguantamos al cruel /Aguantamos ser esclavos por nuestro color de piel”, canta en El aguante, una canción de Calle 13. “Crecimos, pero pa’ que otro se aproveche / Somos un pueblo con dientes de leche / Los hijos del trabajo sin merienda / La limonada para el capataz de la hacienda”, canta en Hijos del cañaveral, el tema que cierra su primer álbum en solitario.
En letras como estas, Residente tiene una mirada simplona y fácil del mundo, sin matices, que termina reduciendo el debate a una división entre héroes y villanos. Nada más alejado de la realidad. ¿Y los campesinos que trabajan para los colonos qué? ¿Son meras víctimas? ¿No son más que víctimas? ¿Y los capataces, que se mueven entre ambos mundos? Y el pueblo, ¿es tan inocente y subyugado como parece? ¿No son responsables del caos los pueblos que votan por líderes como Donald Trump o los que se declaran ‘apolíticos’?
Sus letras son inmensamente ambiguas: por momentos parecen una encarnación decente de la música de Silvio Rodríguez o Mercedes Sosa (Latinoamérica y Guerra, por ejemplo) y en otros tramos parecen el primer fanzine de un punkero. Ingenuas. Básicas. Limitadas. Refunfuñar sin atacar algo concreto, se sabe, es saludar a la bandera. Rendir obediencia. Para verlo más claro, deshuesemos La Bala: “Pero no es así, se mata por montones / Las balas son igual de baratas que los condones / Hay poca educación, hay muchos cartuchos / Cuando se lee poco, se dispara mucho”.
Si el objetivo de Residente es, como ha dicho, remover conciencias, hacer pensar, contagiar el sentimiento de protesta, esa consigna (“cuando se lee poco, se dispara mucho”) carece de fondo. No discute nada. Reduce los factores de la violencia a una premisa fácil de decir, fácil de tragar, fácil de tumbar. Si bien la falta de escuelas puede empujar a la violencia, no es el único factor en la ecuación. El mundo no sale adelante, como propone Residente, leyendo libros, porque hay desempleo, hay narcotráfico, hay conflictos territoriales, hay líneas invisibles, hay represión y abandono del Estado. Como protesta, su mensaje se queda a mitad de camino.
Si bien una canción no es un reportaje, también es capaz de encerrar en sí misma un mundo entero y de ser transgresora en su fugacidad. Prueba de esto es Silvio Rodríguez y Rubén Blades, referentes de Residente y con quienes grabó temas.
Para el artista puertorriqueño la vida es solo una ecuación de víctimas y victimarios, de pobres y poderosos. Lo suyo son consignas fáciles de tragar, rimas que se vuelven íconos publicitarios. ¿Por qué sus mensajes de protesta suelen quedarse a mitad de camino?.